No importa lo mucho que lo intente, no he dejado de pensar
que éramos el uno para el otro hasta que los dos intervenimos. No creo en el
destino, pero, si creyera, diría que estábamos destinados a estar juntos y el
exceso de fe nos separó. Nos creímos eso de que "por algo pasan las
cosas" y aquí estamos como dos idiotas convenciéndonos de que fue lo
mejor. No importa. Ya es tarde. Te rendiste y me rendí. Esa el
verdad. ¿Para qué echarle la culpa a las estrellas? Y ahora ¿qué sigue?
viernes, 25 de abril de 2014
Y si solo por un momento nos olvidáramos del aquí y ahora,
de las muchas cicatrices, del tiempo congelado entre mi "adiós" y tu
"¿qué tal?"... y si le damos un descanso al pensamiento y nos
entregamos al deseo... ¿y si fuera solo un segundo?... ¿y si fuera solo un
beso?... ¿sería eso un gran pecado?
Me preocupa el amor que no siento por ti. Me duele en el
centro de mi integridad, pero mi soledad es más fuerte y borra las huellas del
remordimiento. Me preocupan los “te quiero” y “te extraño” que no puedo
responder y el silencio misericordioso
que sigue a tus miradas. Me engaño con mariposas de papel, porque las reales se
escapan de mis manos apenas las vislumbro. Me he llenado de ilusiones artificiales
y me niego a ver la fecha de caducidad, porque es más fácil hacer uso de ellas
que sembrar mis propios miedos y verlos crecer hasta matarme.
Hoy que un nuevo amor
Y hoy que un nuevo amor ha llegado a tu vida yo saldré silenciosamente por la puerta trasera. Sin dramas, sin despedidas, sin lagrimas inútiles que se sumen al dolor que ya me ahoga. Pero no te confundas, esto de soltar tu mano y dejarte ir y cerrar la puerta sin reproches, no es por ti. Hoy que tú has hecho tu elección yo haré la mía. No quiero ser quien ama y no es amado. No ofreceré una amistad que no deseo ni fingiré que tu felicidad me importa. No me detendré a intercambiar reproches, no gastaré mi vida en despedidas. Hoy que un nuevo amor ha entrado a tu vida yo me iré sin decir nada y si acaso parecen no importarme tus sentimientos debes disculparme, es que estoy muy ocupada lidiando con los míos.
jueves, 2 de febrero de 2012
Amor de Luna, Amor de Estrella
Solía amar la luna, esa que tú me regalaste, olvidando que no era tuya. Y, admirando la luna, me olvide de las estrellas.
La luna es cambiante, indecisa, voluble. Hoy muestra una cara radiante que con el paso de los días va menguando hasta desaparecer. En los días más oscuros de mi vida busque la luna. A veces estaba, a veces no, no podía contar con su luz para alumbrar mi camino. Sé que ella sigue un ciclo, qué, aunque esta noche no pueda verla, un día volverá, pero en su constante ir y venir me deja perdido en las tinieblas. Nunca sabré dónde aparecerá la próxima vez, ¿un poco más al este?, ¿un poco más al norte?, ¿más cerca o más lejos de mi alcance?
Las estrellas, en cambio, son faros eternamente fijos. Las estrellas no cambian con el paso de los siglos, siempre ocupan el mismo sitio en el firmamento, como si un Dios las hubiese pegado ahí con cola para indicar el rumbo. Los antiguos navegantes las usaban como guía y eso es porque no importa cuánto gire el mundo, ellas siempre estarán ahí marcando el camino de regreso. Las estrellas brillan con luz propia, no dependen de nadie para hacerlo, brillan más cuanto más grande es la oscuridad, brillan incluso después de haber dejado de existir.
No. No desprecio la luna, sigo admirando su belleza, sigo sintiendo su ausencia en mis noches oscuras, pero, hablando de amores, prefiero las estrellas, porque, aunque luzcan lejanas y distantes y quizá un tanto inalcanzables, ellas siempre están ahí... y, después de todo, no importa cuántas veces me lo digan... la luna sigue sin ser mía.
La luna es cambiante, indecisa, voluble. Hoy muestra una cara radiante que con el paso de los días va menguando hasta desaparecer. En los días más oscuros de mi vida busque la luna. A veces estaba, a veces no, no podía contar con su luz para alumbrar mi camino. Sé que ella sigue un ciclo, qué, aunque esta noche no pueda verla, un día volverá, pero en su constante ir y venir me deja perdido en las tinieblas. Nunca sabré dónde aparecerá la próxima vez, ¿un poco más al este?, ¿un poco más al norte?, ¿más cerca o más lejos de mi alcance?
Las estrellas, en cambio, son faros eternamente fijos. Las estrellas no cambian con el paso de los siglos, siempre ocupan el mismo sitio en el firmamento, como si un Dios las hubiese pegado ahí con cola para indicar el rumbo. Los antiguos navegantes las usaban como guía y eso es porque no importa cuánto gire el mundo, ellas siempre estarán ahí marcando el camino de regreso. Las estrellas brillan con luz propia, no dependen de nadie para hacerlo, brillan más cuanto más grande es la oscuridad, brillan incluso después de haber dejado de existir.
No. No desprecio la luna, sigo admirando su belleza, sigo sintiendo su ausencia en mis noches oscuras, pero, hablando de amores, prefiero las estrellas, porque, aunque luzcan lejanas y distantes y quizá un tanto inalcanzables, ellas siempre están ahí... y, después de todo, no importa cuántas veces me lo digan... la luna sigue sin ser mía.
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