No importa lo mucho que lo intente, no he dejado de pensar
que éramos el uno para el otro hasta que los dos intervenimos. No creo en el
destino, pero, si creyera, diría que estábamos destinados a estar juntos y el
exceso de fe nos separó. Nos creímos eso de que "por algo pasan las
cosas" y aquí estamos como dos idiotas convenciéndonos de que fue lo
mejor. No importa. Ya es tarde. Te rendiste y me rendí. Esa el
verdad. ¿Para qué echarle la culpa a las estrellas? Y ahora ¿qué sigue?
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