Hoy desperté con ganas de abrir aquel cajón cerrado… de meter la mano entre los objetos ahí guardados… de esparcir sobre mi cama un collage de fotos, cadáveres de momentos… hoy desperté con ganas de escuchar aquella canción y dejarme envolver por sus silencios… de leer aquel poema de Sabines y sentir cada palabra… y repetir cada frase…
Desperté con ganas de embriagarme… de embriagarme de melancolía, de embriagarme del recuerdo… desperté con ganas de soñar sin saber que sueño… desperté con ganas de fingir que ya no finjo…
Hoy desperté con ganas de susurrarte cada frase, cada fragmento, cada canción que me trae tu recuerdo…
Espero curarme de ti – Sabines
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.



