Hace tiempo, cuando era una niña, alguien me dijo que ver un colibrí era signo de felicidad y que si lograba atrapar uno sería feliz por siempre. Desde entonces, al toparme con una de estas avecillas me quedaba muy quietecita, me iba acercando poco a poco, sin hacer ruido, sin atreverme a respirar. Ahuecaba poco a poco mis manitas y le pedía al viento que dejase de soplar por un instante. Había veces en que lograba acercarme bastante pero no lo suficiente. Y siempre terminaba frustrada viéndolo partir.
No sé en qué momento comencé a darme por vencida, solo recuerdo que poco a poco deje de intentarlo. "Es imposible" me decía enfadada. Y me quedaba ahí, parada, mirándolo, mientras imaginaba cientos de formas de atraparlo para al final, decirme a mi misma que no funcionarían.
Con el tiempo, la idea de capturarlo comenzo a disgustarme. ¿Por qué lo quería atrapar?... ¡A sí!, para ser feliz por siempre. Pero, ¿de verdad sería feliz para siempre si lo atrapaba?... Una vocecita dentro de mi decía que no. ¿Cómo podría ser feliz viendo encerrada a esa pequeña avecilla? ¿Cómo podría, viéndolo triste, sonreír? Y un día, no se cuando, pero un día, decidí que no intentaría más el atraparlo, no porque fuera imposible, sino porque era egoísta y los deseos egoístas nunca darán felicidad.
Desde entonces, cuando veo un colibrí, me quedo quietecita, a veces desde lejos, pidiendole al tiempo que se detenga un momento para poder admirarlo con calma. Ya no intento atraparlo. He aprendido que soy más feliz cuando lo veo volar libremente. Al final, termina alejándose como cuando era niña, pero ahora, en lugar de aquel sentimiento de tristeza y frustración, me queda un sentimiento de alegría y, por qué no decirlo, de felicidad.
Tal vez nunca seré feliz para siempre pero, por un instante, al verlo, puedo sonreír y soñar. A veces me pregunto si no es ese el secreto de la felicidad, si no es ese el secreto del amor. Si algún día me encuentro de nuevo con esa persona, le contaré que ya no necesito atrapar al colibrí, porque siempre habrá colibris recordándome que "poseer" no es "amar".